martes, 16 de septiembre de 2008

Au Havre por fin...

Bonjour!!!

Bueno gente, ya estamos aki... perdonar el retraso, pero qué dias que llevo. Hasta que no me asiente, no voy a tener mucho tiempo, pero bueno.

Os cuento. Si es que... lo que no me pase a mi no le pasa a nadie. La primera aventura comenzo al cerrar la maleta. Eran las 10 de la noche y cuando quise intentarlo, no pude cerrarla de las cosas que llevaba. En una de estas que empiezas a hacer fuerza, la cremallera murió al instante. Así que imaginate: A tan sólo 6 ó 7 horas de irme, con la maleta rota, muerta de sueño y los nervios encima. Como es normal, cundió el pánico en mi familia para variar, hasta que mis tios los salvadores, desenterraron su maleta del armario y me la prestaron. Menos mal que tengo unos tios que tienen de todo y que viven tan cerca de nosotros.

Bueno, primer obstáculo resuelto.

La segunda aventura comienza en el vuelo. La cosa ya empieza mal cuando te toca una niña justo atrás. Pero peor aún es la madre que se sienta a su lado. Todo el vuelo la niña gritando, llorando y pegándome patadas. Pero bueno, gracias a dios tengo el sueño ligero y me dormi un rato. Y entonces llega lo mejor: el traslado desde el aeropuerto a la estación de trenes. Ahí si que fue un show. Cargadas con la maleta de ruedas (que por cierto... que incómoda es para llevarla... pero gracias igual tia!!) Y ahí estábamos nosotras, sin enterarnos de nada, que cada letrero te llevaba para un sitio diferente, que preguntábamos y nos enterábamos de la mitad, y que íbamos super cargadas... lo pasamos realmente mal, porque no sabeis lo que nos pesaban las cosas. Fijate, que nada más llegar a la estación de trenes, compramos el billete y nos sentamos en un banco hasta que se hizo la hora de coger el tren.

Siguiente aventura: el tren a Le Havre. Cargadas como íbamos, intentamos buscar un sitio para sentarnos, cosa que descubrimos que era imposible. Así que, por si el tren se iba sin nosotras, decidimos subir y buscarlo desde dentro. Lo único que encontramos fue un pasillo, donde pudimos dejar las maletas y sentarnos en el suelo. Comimos allí sentadas y luego ya, conseguimos que hubiese más sitio para poder sentarnos sobre nuestras maletas y durmir un rato así. Acabé con los pies y los brazos dormidos de lo estrujada que estaba.

Y bueno, por fin llegamos a Le Havre y con las maletas nos dispudimos a salir a la aventura de descubrir donde está la residencia. Y menos mal que vimos a una señora que nos miraba mucho y que resultó ser Basilia, nuestra coordinadora. Y menos mal, porque ahora que ya estoy aquí sé que la residencia no está para nada en al dirección que nosotras pensábamos, así que.

Bueno, la cosa es que la coordinadora nos recogió y nos dijo que esa noche tendríamos que dormir en su casa, porque había estado de viaje y no había podido recoger las llaves de nuestro piso, y que hasta el lunes no podría cogerlas. Así que allá fuimos, a casa de Basi, que muy amablemente nos prestó una cama para las dos y algo de cenar. Así que muy bien. La mujer se portó muy bien y se lo tenemos muy agradecido.

Bueno, llegó el lunes y nos llevó Basi a nuestra residencia tras coger las llaves. Entramos y lo primero que nos llamó la atención es que allí no había ni portero, ni recepción ni nada. No sé si será normal o que, pero vamos, que podeis venir cuando querais, porque aquí nadie vigila nada.

Pues eso, nos enseñó primero la habitación de Vero, y estaba muy bien. Olía muy muy mal, pero bueno, un buen ambientador y punto. Y otra cosa que nos llamó la atención es que no había nada. Pero nada de nada. Por no haber no había ni taza del vater. Solo una cama, una mesa, un escritorio y cuatro sillas.

Así que nuestra siguiente aventura era la de ir a comprar todo lo que teníamos que comprar, como sábanas, mantas, cacharros de la cocina, papel higiénico, algo de comida, sartenes, vasos, platos, cubiertos, etc.

Pero antes, tuvimos que hacer todos los papeles, y más de lo mismo: cada uno nos decía una cosa, nos mandaban de un sitio a otro de la ciudad, no entendíamos ni la mitad, y todo esto andando. Así que, cuando llegamos a la residencia, estábamos tan reventadas que no tardamos nada en acostarnos.

Y eso ha sido todo más o menos. en el siguiente capítulo os contaré como nos fue en nuestro primer día de clase.

Un beso, y siento aburriros con todo esto. Aquí os dejo una foto de las circunstancias en las que viajamos en el tren y unas cuantas del pieso.

Besos, buena suerte y buenas noches!!








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